LOS JOVENES DE HOY
Quiero compartir con usted, el artículo escrito por el
Padre Eugenio Alburquerque Frutos, publicado en la Revista "MISION
JOVEN" del mes de junio de este año 2009. Estoy seguro que le va a
gustar mucho y va a querer compartirlo con sus amigos. Sin más, vamos a lo
dicho.
JOVENES VULNERABLES
"Los prójimos de todas las edades deberían
comprender que en la salvación de la juventud reside el secreto de su propia
salvación.
(Mario Benedetti)
Por el solo hecho de serlo, el hombre es vulnerable.
como explica V. Frankl, cuando el hombre se asoma al abismo y mira la
profundidad, en lo hondo descubre la estructura trágica de la existencia. Se
revela entonces que el ser humano es, en definitiva, pasión, que la esencia del
hombre es ser doliente, homo patiens. Seres heridos,
rasgados, débiles, necesitados, profundamente vulnerables. Así es el hombre; y
así, especialmente, es el niño, el adolescentte, el joven. Ellos son el eslabón
más débil porque, quizá más que los adultos, precisan de la comunidad para poder
subsistir y también porque, como escribe Irune López, tienen toda
la existencia aún por construir y todo lo que hoy vivan, influirá en su futuro.
Son vulnerables, porque son maleables, porque están haciéndose, porque todo el
entorno en que viven, lo mismo que puede cuidarlos, ayudarlos, abrirlos
gozosamente a la vida y a la esperanza, puede también herirlos y quebrarlos.
Familia, sistema educativo, medios de comunicación, barrio, pueden resultar
factors decisivos de protección o de riesgo. El impacto de la vulnerabilidad
social resulta un elemento decisivo en el proceso de maduración de los jóvenes,
porque los hace vivir amenazados por la precariedad del presente y la
inseguridad del futuro.
tanto entre los jóvenes, como en el mundo de los
adultos, exite hoy un amplio mapa de personalidades vulnerables. como explica José
Joaquín Gómez Palacios, la vulnerabilidad está presente en nuestro tiempo
en aquellas personalidades que otorgan una importancia excesiva a lo emocional,
a la apariencia, a la moda; en las que carecen de relieve histórico, porque
abandonaron el pasado que consideraban irrelevante y desconfían del futuro que
ven incierto y amenazante; en las que han perdido la confianza en los valores
colectivos y buscan cálidos refugios afectivos; en las agobiadas por un
constante temor a enfrentarse con la vida, con la realidad de cada día; en las
que no tienen densidad personal y quedan a merced de las ideologías, de los mass
media; en las que no están preparadas para el esfuerzo, para integrar el
fracaso y el sufrimiento. Y este mapa fenomenológico se podría leer también
desde la perspectiva de la fe, en clave pastoral, para ver cómo los procesos de
secularización, los cambios religiosos, el avance del estado laico, llega a
perturbar y zarandear fuertemente la experiencia cristiana en tantas
personalidades en las que la fe no ha logrado crecer y desarrollarse de manera
firme y armónica e integrarse en la vida.
Continuamente el educador de la fe encuentra en los
adolescentes y jóvenes, a través de muchas diversas actuaciones, dice Antonio
Jiménez, desánimo, desgana, cansancio, volubilidad, obsesión por el
capricho. La voluntad que surge en estas circunstancias es inestable e
insegura. Se da también una marea de impulsibilidad, de desidia, una
experiencia de descontrol y perplejidad ante la jungla de los deseos que crecen
desordenadamente en el interior del sujeto y que no logran ser estructurados y
jerarquizados, porque escasea la capacidad de renuncia y de sacrificio, el
sentido de lo que supone una prioridad existencial según una escala de valores
humanizante. La inconstancia, la poca capacidad para soportar el esfuerzo y la
renuncia hacen con frecuencia imposibles la perseverancia y la fidelidad
coherente.
¿Qué está pasando en las jóvenes generaciones? ¿Por
qué tanto desencanto y desánimo? ¿Por qué tanta debilidad e inconsistencia? Umberto
Galimberti ha escrito recientemente un libro que me parece
especialmente lúcido sobre la situación actual que viven los jóvenes. Asegura
el filósofo italiano que hoy los jóvenes se encuentran mal; y se encuentran
así, no por las habituales crisis que rodean a la juventud, sino porque un
huésped inquietante actúa en ellos, penetra en sus sentimientos, confunde sus
pensamientos, borra perspectivas y horizontes, apaga su propia alma. Este
huésped no es otro que el nihilismo, cuyas redes se han extendido e impregnan toda la
cultura contemporánea. Fernando García, desde la atalaya del
contacto directo con los jóvenes, estudia y presenta el pensamiento de Galimberti,
intentando explicar las raíces y causas que con detención analiza la obra del
filósofo italiano.
La clave, una vez más, está en la educación. Una
educación capaz de prevenir riesgos y de mitigar la debilidad física y
psicológica inherente a la condición juvenil. Y una educación capaz de motivar
el esfuerzo, el autodominio, la reciedumbre, la fortaleza, entendida como
temple de ánimo, dominio de uno mismo, control de instintos y emociones,
perseverancia, vigor psíquico, fuerza moral. Así entendida, resulta
imprescindible en el entramado de toda vida humana bien vivida."
EUGENIO ALBURQUEQUE FRUTOS
directormj@misionjoven.org